Ya no te acostabas a mi lado, lo hacías del otro extremo de la cama.
Dejaste de acompañarme a lugares donde te preocupaba que fuera sola.
Dejaste de decir tonterías y de reírte de las mías.
Empezaste a ocultar cosas, a pesar que yo nunca te oculté nada.
Ya no me invitabas a salir contigo.
No conocí ni a la mitad de tus amigos.
Y admito mi culpa en esto último, ya que siempre me desagradaron.
Pero me doy cuenta ahora, que no eres simplemente una taza mía.
La cual yo puedo tomar y esconder, para que nadie más la vea ni la toque, ya que siempre me ha molestado que toquen mis cosas.
Pero no eres una cosa.
Eres un ser humano.
Lleno de defectos, de errores, de vicios.
Pero muy sensible y hermoso.
He visto lo mejor y lo peor de ti.
Te he acompañado a tus mejores y peores desventuras.
Me sumí contigo en todos tus vicios.
Pero yo siempre fui más fuerte.
Te he cuidado más veces de las que tú me has cuidado a mi.
He orado por ti y por tu alma más de lo que podrías hacerlo tú mismo en el resto de tu existencia.
He llorado por ti lo que debería haber llorado por los amores fallidos de 3 vidas.
Pero nada es perfecto.
Ni tú, con tu enorme carga espiritual.
Ni yo, con mi moral tan alta.
Ni nuestro amor.
Así que te elijo, nuevamente,
Para seguir sufriendo, para seguir llorando, para seguir preocupándome, por ti.
Y para tener esas alegrías que nunca antes había tenido, las cuales quiero que vuelvan y volverán, lo sé.
Y no me importa cuánto me digan o te digan a ti que no somos el uno para el otro.
¿Y quién lo es?
Ojalá fuese cierto aquello, y pudiéramos ir a la tienda de la esquina a comprar nuestra "alma gemela".
Todo en nuestra maldita vida sería más sencillo.
Pero aquí en el mundo real, nosotros elegimos.
Y yo te elijo a ti.
Una vez más, y todas las veces que tenga que hacerlo.
Te elegiré a ti, tragedia mía.
Maribel Klink







